Las tecnologías avanzan a un ritmo vertiginoso, tal es que no da tiempo a que el ser humano le dé tiempo a asimilar todos los cambios que se producen.
Con la comunicación mundial cualquiera puede estar comunicado con quien sea, y esto según el autor no guarda ninguna relación con el tiempo. Por lo que se llega a la sobrecarga de atención.
Es mucha la información que recibimos y llega un momento en el que deja de ser útil, ya que no se valora lo que es importante de lo que no, y tampoco se contrastan las fuentes de las que viene dicha información. El problema viene cuando la información que recibimos es confusa, no el no saber.

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